lunes, 10 de octubre de 2011

Martorell, la villa del azulejo

Hay veces en las que salirse del camino trae buena suerte. Ayer fue uno de esos días y es que ¿por qué debemos ir siempre a los mismos sitios? Admito que soy el más convencional del mundo y el menos trendy en lo que a galerías respecta, pero hay lugares que enamoran y encandilan y ayer tuve el placer de estar en dos de ellos: el Museo Vicenç Ros y L'Enrajolada, ambos en la localidad catalana de Martorell (20km de Barcelona).
Así a simple vista este municipio puede parecer poco atractivo y muy industrializado, pero esconde la colección de azulejos más importante de Cataluña.

En primer lugar hablamos del Vicenç Ros. Este museo se halla en un antiguo convento benedictino del s. XVII, por lo que el atractivo del edificio, así como las privilegiadas vistas de Montserrat que hay desde él, acompañan mucho a la soberbia colección de azulejos peninsulares que hay en su interior. Pero el museo guarda otros tesoros, como antiguos grabados de Martorell, restos de la iglesia parroquial destruida durante la Guerra Civil o monumentales botas de vino y antiguas herramientas de campo. Tal y como su nombre indica, las colecciones de azulejos de entre los siglos XVII y XVIII y el resto de obras que guarda, fueron adquiridas por Vicenç Ros, un niño pobre que, por circunstancias de la vida, hizo fortuna y cuya labor es digna de admirar.

El otro museo de hoy es L'Enrajolada. Una casa señorial catalana con un hermoso patio que no solo cuenta con una excepcional muestra de cerámica que se remonta a la Edad Media, sino que acoge restos de edificios barceloneses de distintos siglos que fueron derruidos y que los Santacana se encargaron de recoger y utilizar como elementos decorativos de su villa. Aparte, las habitaciones de la familia son un irremplazable ejemplo de mobiliario isabelino. Por otro lado, esta antigua residencia es el primer espacio catalán concebido como museo, pero no por el hecho de estar abierto al público, sino por la antigua concepción de valorar, integrar y querer preservar el arte sacándolo de una vitrina y convirtiéndolo en un elemento más de la casa.

Patrimonio cultural en peligro

Echad un vistazo a este link. Así es como cuidamos nuestro patrimonio:

Patrimonio cultural en peligro |

viernes, 30 de septiembre de 2011

Frederic Marès o el arte de coleccionar

Solo en una ciudad como Barcelona puedes coincidir al mismo tiempo con una catedral gótica, un palacio medieval, un músico tocando jazz y un museo cuya colección empieza antes de Cristo y termina en el siglo XIX. Y es que el barrio gótico de la Ciudad Condal esconde lugares que trasladan al transeúnte a épocas pasadas. Pero lejos de querer analizar el innegable encanto de este quartier, hablaremos de un museo que se encuentra en su corazón y que quizás no sea tan conocido como debería: el Museo Frederic Marès.

Hacía tiempo que quería adentrarme en este sitio. De hecho, en alguna ocasión ya había disfrutado de la compañía de la fuente y los naranjos que viven en su patio (patio que por cierto pertenece al Palacio de los Condes de Barcelona), pero nunca había visitado el museo. Este es uno de esos lugares que, pese a ser muy visible (Plaça Sant Iu, junto a la catedral), no está muy concurrido y permite estar solo en una sala y disfrutar relajadamente (sin ruidos, aglomeraciones e insípidas visitas guiadas) de una de las colecciones de arte exento más importantes de nuestro país.
Pero entremos en materia. El grueso del museo lo forman esculturas de entre los siglos V aC y XIX de nuestra era que pertenecieron a la colección personal del hombre del que recibe el nombre el museo.

Son de especial interés las salas de románico y gótico, en las que se exhibe una vertiginosa cantidad de tallas de vírgenes y Cristos. Pese a que principalmente vemos madera, es imprescindible dedicar unos minutos a contemplar las esculturas en piedra del conocido e influyente maestro de Cabestany, o algunas cruces o cofres con esmaltes de Limoges. ¡Incluso hay dos pórticos de iglesia!

En la misma línea, los posteriores estilos renacentista y barroco son una exultante muestra del valor de la colección. En esta sección resalta el fabuloso San Roque de Berruguete y una amplia muestra de la obra del escultor Manuel Álvarez.

Pero quizás, lo que más pueda atraer a un visitante no tan familiarizado con la escultura religiosa, son las dos últimas plantas. Este es el típico sitio en el que, al entrar, uno se pregunta ¿antes de hacer el museo dónde tendría metido todo esto ese hombre? Ahí se encuentra lo que tradicionalmente se conoce como un gabinete. Es decir, muestras con desmedidas cantidades de pipas de fumar, llaves, bastones, menús de restaurantes, fotografías, abanicos, cartas, vitolas de puros, juguetes del XIX, etc. Vamos, prácticamente todo lo coleccionable.

Para entender el grueso de piezas que se almacenan en este lugar, cabe recordar que Frederic Marès (1893-1991) no fue solo un gran escultor, sino que fue uno de los coleccionistas más importantes de la España del XX. Por suerte, en 1944 donó sus posesiones al Ayuntamiento de Barcelona y, dos años después, nació el museo del que podemos disfrutar hoy todos.

En definitiva, el Museu Frederic Marès es una gran alternativa a muchos de los centros de arte que se encuentran en la ciudad, más íntimo y personal, aunque no por ello menos grande (se requieren un mínimo de 2 horas para visitarlo). Las colecciones son de primera línea, sobre todo las de románico, gótico y barroco. Este es un lugar para perderse, un oasis en el que relajarse y disfrutar en el corazón de la siempre estupenda Barcelona.

jueves, 29 de septiembre de 2011

La Belle Barcelone

Con este primer texto os doy la bienvenida al que pretende ser un punto de encuentro y opinión de todo amante del arte y las exposiciones. ¡Bienvenidos/as!

Empezamos en Barcelona, donde CaixaForum acoge (hasta el próximo 9 de octubre) la fantástica exposición Retratos de la Belle Époque. Merece la pena visitar esta muestra por dos motivos:
  1. Para ver una exposición monotemática de Sorollas, Munchs, Ramons Casas, Sargents, Manets o Toulousses.
  2. Porque siempre es buen momento para acercarse a Casaramona (sede del CaixaForum barcelonés) y disfrutar de la antigua fábrica modernista levantada por Puig i Cadafalch.
Centrémonos en la exposición.

Reza la presentación hecha por CaixaForum que Belle Époque "es una expresión que designa las últimas décadas del siglo XIX y primeras del XX. Un periodo de intenso crecimiento económico, enmarcado por la guerra franco-prusiana y la Primera Guerra Mundial". Pero, ¿podemos definir ese momento histórico como un mero auge económico?

Es innegable que hubo un gran crecimiento social en distintos ámbitos y que se afianzaron muchas de las familias que en el 29 lo perderían todo, pero la Belle Époque fue, sobre todo, un estilo de vida. Un estilo de vida marcado por un positivismo y una alegría que borraron la negatividad y el pesimismo que habían traído los últimos conflictos finiseculares. Ello, como no podía ser menos, se vio reflejado en el arte. Las grandes familias industriales se convirtieron en la "nueva nobleza" y quisieron ser retratados por los mejores artistas del momento. Como resultado, han llegado a nuestros días centenares de cuadros que reflejan la moda de una época en que la mujer aligeró su indumentaria y recogió su melena en moños chignon decorados con broches, diademas y flores.


En conjunto podemos ver obras de Anders Zorn, Édouard Manet, Ramon Casas, Edvard Munch, Pierre Bonnard, Édouard Vuillard, Hermen Anglada Camarasa, Max Oppenheimer, Oskar Kokoschka, Egon Schiele, Max Pechstein y Ernst L. Kirchner, que forman, junto a Giovanni Boldini, John Singer Sargent, Joaquim Sorolla, Valentín A. Serov y Henri de Toulouse-Lautrec.

La exposición está articulada en nueve temas: Autorretratos, El Retrato de sociedad, Temperamento y carácter, Retratos de grupo, Ambientes y conversaciones, Retratos en plein air, Toulouse-Lautrec, El retrato como símbolo y La crisis. Con ello se pretenden contextualizar las diferentes atmósferas de la época y dar una idea global de la psicología del momento. No obstante, la distribución de las salas es un poco extraña y laberíntica y la iluminación es bastante insuficiente. Aunque esto no resta mérito a la excelente colección que podemos ver en la Ciudad Condal.
Retratos de la Belle Époque aborda distintos aspectos del retrato recorriendo tres generaciones distintas de pintores. Se empieza por la pintura fresca y triunfal del inicio de la Belle Époque y se termina con la inquietud del expresionismo de los años finales. En cuanto al centenar de obras que están en Barcelona, proceden de casi cuarenta museos de todo el mundo y de colecciones privadas. Solo como apunte, cabe destacar que incluso el rey Juan Carlos ha prestado un Sorolla de su colección particular en el que aparece retratado Alfonso XIII.

En definitiva, CaixaForum presenta, una vez más, una exposición única y de incalculable valor tanto artístico como documental.